MILA
El aire de la cabina se ha vuelto irrespirable.
Todos fingen no ver nada. Pero sienten.
Sienten esa tensión sorda que sube, que se hincha, que roede el espacio.
Sienten que algo se ha fracturado.
Y yo, estoy aquí.
Sentada.
Silenciosa.
Con el corazón deshecho bajo una piel que no deja filtrar nada.
No me muevo.
Casi no respiro.
Porque si cedo, si dejo que la más mínima emoción atraviese la superficie, me derrumbo. Y no estoy segura de poder volver a levantarme.
Él está ahí.
No muy lejos.
Ca