No sé exactamente en qué momento dejé de reconocer la forma en la que Alice me habla.
Quizás son las hormonas o algo que no logro entender.
Solo sé que ahora cada mensaje suyo llega como un portazo emocional, seco, distante:
“Estoy bien. No te preocupes.”
“Luego hablamos.”
“Estoy cansada.”
O peor aún:
Cuando la llamo y contesta con voz tensa… hasta que, de repente, deja de contestar por completo. No se si está molesta o lo hace para evadirme...
Y yo estoy aquí, atrapado en Washington con esta a