Elena entró por la puerta como un huracán amoroso, cargando bolsas, cajitas y un peluche enorme que tenía una bufanda azul pastel. Anne iba detrás, sonriendo con ese brillo cómplice que ya reconocía en ella cada vez que estaba involucrada en algo de Ethan.
—Alice, cariño — Ethan me conto dijo Elena abrazándome—, no sabes lo felíz que me hacen y lo difícil que fue elegir solo esto. En Nueva York me quería traer una tienda completa.
—Lo sospeché —me reí, observando la montaña de cosas mientras l