Desperté con un dolor sordo en la cabeza, como si hubiera llorado durante horas, aunque sabía que solo habían sido segundos… o minutos. Me incorporé y, por un instante, no reconocí la habitación: paredes tapizadas, olor a madera antigua, una chimenea encendida.
Y entonces lo vi.
Ethan estaba frente a mí. Vivo. Respirando. Mirándome como si yo fuera su único punto de anclaje.
Mi corazón dio un salto violento.
Quise tocarlo… pero algo en mí se quebró.
—Alice… mi amor… —susurró.
Y fue esa palabra