Los dos días siguientes fueron un vacío insoportable.
Intenté distraerme en la galería, fingiendo normalidad, enterrando mis emociones bajo correos y pinceladas secas. Pero cada rincón me hablaba de él… el aroma a café recién molido, su taza olvidada en el escritorio, su risa filtrándose entre los pasillos del arte.
Ethan no había ido desde aquella noche.
Y aunque mi corazón gritaba por saber de él, el orgullo me sujetaba el alma como una cadena fría.
No iba a ser yo quien lo buscara. No despué