Nunca pensé que París pudiera dolerme,Pero dolía.
Dolía dejar atrás las calles empedradas, las luces del Sena, los cafés donde reíamos sin mirar el reloj. Dolía porque en París dejaba algo más que una ciudad.
Dejaba un pedazo de mí.
De nosotros.
El vuelo de regreso fue muy tranquilo. Ethan y yo viajamos uno al lado del otro, intercambiando miradas que decían más que cualquier palabra. Sus dedos buscaron los míos a mitad del vuelo y permanecimos así, en silencio, con la ciudad de las luces queda