No dormí casi nada la noche anterior. No por miedo… sino por emoción. Por la ilusión de ver a Ethan al final del pasillo, mirándome como si fuese su único milagro posible. Amanecí con la respiración entrecortada, pero decidida. Hoy no hay mareos, no hay dolor, no hay tumor… hoy solo hay amor.
Me prepararon durante horas: cabello recogido en una trenza baja y elegante, maquillaje suave, piel luminosa. Mi vestido… oh, Dios. Era perfecto. No parecía mi vestido; parecía el vestido de la mujer que s