—¡¿Cómo te atreves, miserable pichón de brujo, a desafiarme de esta manera?! ¡Serás el primero al que le arranque la cabeza! —gruñó Elijah con ira en sus ojos, mostrando sus colmillos afilados mientras sus rasgos humanos se deformaban en una monstruosa mueca.
—Parece que tendremos que resolver esto de la única manera que conocemos — manifestó uno de los brujos, mientras seis de ellos se colocaron en posición de combate, extrayendo bastones luminosos de sus manos, que incluso bajo la luz del día