Ava Hills.
Cuando llegué a Alborada, el sol ya se estaba metiendo.
Me detuve frente a la puerta de mi habitación, recordando mi maravillosa primera vez.
Selene, me abordó con el habitual brillo juguetón en sus ojos. No pude evitar sonreírle.
Había estado esperando mi regreso, y tenía la certeza de que quería hablar sobre lo que había vivido.
—¿Dónde andabas? —me preguntó ella —. Le inventé a mi padre que tenías un viaje de negocios.
—Estaba en el cielo —respondí, casi incapaz de contenerme—. Li