Liam Jones
Mi padre llegó a mi mansión como si nada, como si los meses de distancia y las tensiones no pesaran.
Yo, por otro lado, estaba dividido entre la alegría de verlo y la incertidumbre de su visita.
La muerte de Noah había dejado un vacío y rencor en mi padre, quién me culpaba por ello.
—¿Acaso no puedo visitar a mi hijo? —preguntó, alzando una ceja, con aquella mirada que siempre me había puesto nervioso.
—Claro que puedes, pero contigo nunca se sabe —le respondí, controlando el tono.
É