Liam Jones.
El viento soplaba con fuerza cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de París.
Cada segundo que pasaba sentía cómo mi corazón se aceleraba, empujado por una mezcla de nervios y una creciente ansiedad.
Desde que Ava se fue a Francia, cada llamada se convirtió algo doloroso.
Su voz, antes llena de vida y risas, ahora sonaba distinta, débil y distante.
Cada vez que descuelgo el teléfono para llamar, temía escucharla quebrada, como si cada palabra le costara esfuerzo.
Y lo que más me