70. Cincuenta bastardos
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Magnus
El cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y dorados cuando nuestras patas tocaron la orilla del lago por última vez. La noche había sido nuestra. La luna llena nos bendijo, y no con calma, sino con fuerza, con fuego, con piel contra piel, mordidas y gemidos que solo el bosque fue testigo de.
Nos transformamos casi al mismo tiempo.
El crujido de huesos, el vapor que salía de nuestros cuerpos aún calientes, la respiración entrecortada.
Eva cayó de rodillas primero, desnuda, tem