Epílogo 2 — El canto de la loba y la promesa del infierno
El sol se filtraba débil por entre las cortinas gruesas del cuarto de Eva, pero dentro, la tensión era densa como la niebla de la madrugada. Seis horas. Seis horas de dolor, fuerza y poder ancestral canalizado en un solo acto: traer vida al mundo.
Eva, con el rostro perlado de sudor, jadeaba en silencio, ya dormida por el agotamiento, su pecho subía y bajaba con lentitud. Magnus estaba a su lado, con las manos aún temblorosas, como si el