92. El silencio del concejo
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Eva
El silencio del concejo se volvió pesado cuando pronuncié las palabras.
—Es hora de llamar a los cambiaformas.
Las miradas se cruzaron entre sí. Algunos alzaron las cejas. Otros fruncieron el ceño. Y finalmente, uno de los ancianos se levantó con expresión de alarma.
—¡Eso no es prudente! ¡Ellos no son como nosotros! ¡No siguen nuestras leyes!
Otro murmuró:
—Están desperdigados, viven bajo sus propias reglas… son salvajes.
Cerré los ojos un segundo y respiré con calma, dejando que mi voz