42. Lo aceptaría, porque lo merecía.
42
Eva
Cuando me guiaron a mi antiguo cuarto, me frené en seco.
El aire en mis pulmones se sintió pesado, como si de repente me hubieran sumergido en agua fría.
Ese lugar. Ese maldito lugar.
No podía entrar allí.
—No quiero ese cuarto. Pásame a uno de invitados —ordené sin dudar.
La chica frente a mí apretó la mandíbula y, por un segundo, vi la chispa de rebeldía en su mirada. Estaba a punto de poner los ojos en blanco cuando Magnus habló.
—¡Haz lo que tu Luna dice! —su voz retumbó en el pasill