24. No huele a renegada
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Evelyn
Me desperté desorientada, con la visión de un techo inmaculadamente blanco. Intenté moverme, pero cada centímetro de mi cuerpo dolía intensamente, y mi loba descansaba y la vi durmiendo plácidamente en mi mente, exhausta. Apenas pude comprender lo sucedido cuando oí una voz baja, casi un susurro, decir:
—Despertó la loba.
No pude ver a quién provenía esa voz, pero su cercanía me heló la sangre. Con gran esfuerzo abrí los ojos, asustada, y me senté pese al dolor punzante que recorría m