21. El vínculo
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Magnus
Un dolor punzante me despertó, dejándome jadeando en la penumbra. Con un esfuerzo desesperado intenté levantarme de la cama, pero la debilidad me traicionó y caí al suelo, sintiéndome miserable. Arrodillado, jadeaba, suplicando oxígeno, mientras mi lobo en mi mente rugía, adolorido y enfurecido.
Dentro de mi mente resonaban las palabras:
“¡Eres un imbécil, idiota!” me regañaba totalmente fuera de sí.
El eco de ese grito interno me dejaba sordo, como si cada palabra perforara mi