Las luces de la gran metrópoli parpadeaban a lo lejos, asemejándose a un mar de circuitos impresos y estrellas artificiales que se extendía hasta perderse en el horizonte brumoso. En el piso ochenta y ocho de la Torre Ferré, la resaca de la cumbre internacional no dejó espacio para celebraciones vacías. Lejos de la fanfarria del salón de galas, el despacho principal se había convertido en un centro de operaciones tácticas donde la luz de los monitores holográficos teñía las paredes de un azul f