El amanecer más limpio que la metrópoli había presenciado en décadas se elevó sobre las estructuras de titanio y cristal de la Torre Ferré. La densa neblina artificial y el humo industrial que tradicionalmente ahogaban los bulevares del Distrito Central habían sido reemplazados por una atmósfera translúcida, filtrada y purificada por los nuevos protocolos ambientales que Luisa había integrado en el núcleo operativo de la corporación.
En el piso ochenta y ocho de la Torre Ferré, el silencio matu