El silencio que cayó sobre la gran sala de galas tras la revelación pública de los expedientes de Marcus fue tan absoluto que el leve zumbido de los sistemas de ventilación parecía el rugido de una maquinaria pesada. Los inversores internacionales, acostumbrados a los eufemismos elegantes de las mesas directivas y a las disputas de guante blanco, observaban las pantallas con el rostro pálido, boquiabiertos ante la crudeza de la traición expuesta en tiempo real.
Marcus intentó dar un paso al fre