61. Ni tan muerta como querían.
Narra Lorena
El tipo frente a mí no se ha dado cuenta todavía, pero tiene los segundos contados.
No los míos.
Los suyos.
—¿Te puedo ayudar en algo, mamita? —me dice con ese tono de cana frustrado que no la pone desde 2004.
Yo me acerco despacio, con la peluca todavía en su sitio, la blusa abierta hasta donde empieza el veneno, y las manos escondidas en los bolsillos de la campera de jean.
—Estoy perdida… —digo, fingiendo voz de pobre piba en peligro—. Me dijeron que acá podía tomar un colectivo