549. El reencuentro con mi hija.
Narra Ruiz.
Hay instantes que no se pueden medir en segundos, ni en minutos, ni en ninguna mierda de reloj; hay momentos que simplemente te atraviesan como una bala y te dejan suspendido en el aire, respirando vidrio, sin saber si todavía sos un hombre de carne o apenas un espectro que alucina. Así fue la primera vez que la vi entrar en esta tumba de paredes lujosas, en esta casa que me devora como un ataúd con candelabros. Y digo “la vi” con la ironía de un ciego que de repente recibe una llam