550. El único lujo de un rey.
Narra Ruiz
La mansión huele a encierro, a perfume caro mezclado con humedad rancia, como si las paredes guardaran el eco de todas las mentiras que se dijeron entre estos mármoles, y yo lo sé desde el segundo en que cierro los ojos y escucho ese chirrido de hierro que anuncia que Tomás acaba de dar la orden de cerrar las puertas, como quien baja la tapa de un ataúd; no necesito que me lo diga, lo escucho en el silencio que viene después, ese silencio denso donde hasta los guardias del otro lado