482. Lo último que entiendo.
Narra Dulce.
Tomás me sostiene, y por un instante siento que ese contacto es lo único que me impide caer en un vacío del que no habría regreso; sus brazos me aferran como si fueran el último refugio, y sin embargo, al mismo tiempo, me queman, porque el calor que desprende su cuerpo no se parece a un consuelo, sino a un incendio que me envuelve y me consume sin que yo pueda escapar. Quiero alejarme, decirle que no, gritar que todo está mal, que nada debería estar ocurriendo de esta manera, pero