47. El fuego en la garganta.
Narr Lorena.
Lo sé desde que Bianca me pasó el mensaje en el baño, con el labial corrido y la mirada tensa como un cable a punto de estallar: “Quiere verte a solas. Esta noche. En la oficina. Nadie más.”
Tragué saliva.
No dije nada. Asentí, como quien acepta la última copa antes de enfrentarse a la guillotina.
No soy tonta.
Sé cuándo un hombre como Ruiz está preparando una emboscada.
No por lo obvio, sino por lo silencioso.
Porque cuando Ruiz deja de gritar, es que empezó a pensar.
Y si empezó