447. El perfume de la trampa.
Narra Dulce.
Me despierta el olor. No el del miedo, ni el de la pólvora, ni siquiera el del sudor de Bruno, que todavía tengo pegado en la memoria como una fiebre que no baja. No. Me despierta un olor dulce, elegante… a violetas.
Al principio pienso que lo soñé. Que estoy en otro de esos laberintos de sangre y terciopelo donde Jean-Pierre me mira como si yo fuera la Venus de Milo y él el escultor con complejo de Dios. Pero cuando abro los ojos, veo a Sami sentada en el borde de la cama, con una