440. La palabra maldita.
Narra Dulce.
Estoy en el suelo. No sé cuánto tiempo ha pasado. Podría ser un segundo o una eternidad. La sangre de otros me mancha las piernas, tibia, ajena, salpicada como una advertencia. Huele a metal y a miedo. El cuerpo de León está tirado a menos de un metro, los ojos abiertos como si aún estuviera viendo. No me muevo. Respiro hondo, despacio, sintiendo cada punzada de aire como si me cortara por dentro.
Bruno está a mi lado. Medio arrodillado. Medio vencido. Tiene la sábana pegada al cue