405. Billeteras rotas, promesas vacías.
Narra Dulce.
La seducción no es un arte, es un arma. Y yo no tengo miedo de disparar primero.
El boliche huele a transpiración cara, perfume importado, y desesperación masculina.
Eso me da hambre.
La música está tan fuerte que se siente en la columna vertebral.
Las luces parpadean como si quisieran avisarte algo.
Pero yo no estoy para señales.
Estoy para el juego.
Sami está a mi lado, pero ya no la escucho.
Me mira como si quisiera atarme a una silla y chuparme la vida por la boca.
Y yo… yo sol