406. La sangre llama, aunque la lengua mienta.
Narra Dulce.
No hay silencio más cruel que el que se cuela en la cabeza cuando el mundo duerme y vos no podés.
Sami duerme como si el mundo no doliera.
Está enredada en las sábanas, con el cuerpo tibio y la respiración lenta.
Tiene una pierna encima mío. Su brazo rodeándome.
Y, sin embargo, yo no puedo dormir.
Hace horas que me revuelco.
Y no es por la cama.
Ni por el calor.
Ni siquiera por el miedo ese que me vibra en la nuca desde que salimos del boliche.
Es por la oscuridad.
La de adentro.
L