40. Las que regresan del fuego.
Narra Lorena.
El cabello de Bárbara huele a tabaco, lluvia y sándalo.
Y su sombra es más larga que su cuerpo.
Hace dos noches que me acompaña en silencio.
Desde que escapamos del atentado en casa de Vane, no la he oído decir más de lo necesario.
Pero me cuida. Me cubre. Y lo más peligroso de todo: me comprende.
—Sabés que no podés quedarte en el cabaret —me dice mientras camina a mi lado, en los túneles que cruzan debajo del viejo puerto.
—Lo sé.
—Ruiz ya no confía. Ni vos en él.
—Nunca fue cue