39. Peligro y caricias.
Narra Ruiz.
La muerte de Amanda fue rápida. Pero no silenciosa.
En este mundo, los cuerpos desaparecen fácil.
Pero el eco de sus gritos, aunque sólo hayan sonado en su garganta cerrada, llega igual a donde tiene que llegar.
Esa misma noche, me llaman desde un número que no tengo agendado.
—Sabía que no tardarías en mover ficha, Ruiz —dice una voz femenina, seca, con una pizca de burla elegante.
—¿Quién sos?
—Alguien que respeta tu estilo. Y que podría ayudarte. O destruirte.
Silencio.
—Estoy en