397. Soy un grito con piercings.
Narra Dulce.
Me dejó encerrada.
Escuché el *clic* seco, cruel, como una sentencia sin juicio. Como si mi voz fuera humo. Como si todo lo que grité, lo que lloré, lo que escupí con rabia y con verdad, no significara nada más que ruido molesto. Un mosquito reventado contra su culpa.
Y ahí se fue.
Otra vez.
Y me dejó del otro lado.
Sola.
Aunque no es soledad lo que siento. Es algo peor. Es estar conmigo. Con esta cosa que soy cuando no hay nadie para distraerme.
Camino en círculos por el cuarto co