384. Ruiz está vivo en ella.
Narra Lorena.
La mayoría de los días logro sostenerme. Me despierto temprano, barro el patio de piedra con una escoba vieja que no cambia desde que llegamos a este pueblo, caliento café sobre la hornalla a gas y trato de hacer que las horas parezcan normales. Pero hay días —cada vez más frecuentes— en los que me tiemblan las manos antes de que amanezca, porque los sueños me siguen, me atrapan, me desgarran desde adentro.
Anoche, Ruiz volvió a aparecer.
Lo veo sangrando, otra vez, igual que aque