383.. No es mi hija.
Narra Lorena.
El tren avanza lento entre los campos húmedos del sur. La ventana empañada distorsiona los colores del paisaje, y no puedo evitar pensar que así veo a mi hija: como un recuerdo empañado, una forma que alguna vez fue mía y ahora no sé cómo tocar.
El bolso en mis piernas pesa más por la ansiedad que por el contenido. Adentro llevo una muda de ropa, algo de fruta seca, y un sobre con documentos que no voy a mostrarle. Es un viaje corto. Pero no hay viaje más largo que aquel que se ha