377. Un rey para la sangre.
Narra Ruiz.
La miro. A mi pequeña.
Tan chiquita. Tan fuerte. Tan parecida a mí… y tan distinta.
Ella no eligió este infierno. Nació entre los escombros de mis decisiones. Entre balas, pasillos sin nombre, amores que sangraron demasiado.
Y ahora está ahí.
Temblando.
Pero firme.
Y yo sé que si no hago esto, la pierdo para siempre.
—Escuchame hija... —le digo, con esa voz que me nace desde la cueva del pecho, rota, pero clara—. Hacé lo que te diga, como buena nena… ¿me escuchás?
—Sí, papito.
Dios.