37. Fango y alas rotas.
Narra Lorena.
La ciudad huele a sudor y a pólvora.
Pero hoy, lo que más me retumba en el pecho es el perfume de Ruiz en mi piel, aún después de la ducha.
Esos labios malditos que me besan como si quisieran hacerme olvidar el infierno donde vivo.
Estoy sentada frente al espejo, arreglándome el cabello como si fuera otra noche más.
Pero no lo es.
Esta noche me voy a encontrar con Ismael otra vez.
Y sé que, si Ruiz lo descubre, me va a partir al medio.
—Una copa más y hablamos de lo serio —me habí