362. La verdad sin máscara.
Narra Lorena.
No sé cuánto tiempo pasó desde que escuché la primera nota, esa vibración lejana, ese murmullo que trepa por los muros como una serpiente hecha de sonido. Una nota real. No un recuerdo ni un eco ni una alucinación, sino algo concreto. Un piano. O quizás un teclado digital emulando con torpeza la dignidad de la madera y el marfil. No es una melodía, no todavía. Es más bien un zumbido con pretensiones de armonía, como si alguien estuviera afinando una orquesta con los huesos de sus