350. Ecos sin telón.
Narra Gomes.
No hay sirenas.
No hay helicópteros sobrevolando. Ni comandos rompiendo puertas. No esta vez.
El operativo es limpio, sigiloso, casi quirúrgico, y eso debería tranquilizarme.
Pero no.
Hay algo en el aire, en el silencio de las calles vacías que rodean el viejo teatro, que me dice que llegamos tarde.
Las órdenes fueron claras: sin uniformes, sin insignias, sin identificación.
Un grupo reducido. Los mejores.
Nadie debe saber que estamos aquí. Nadie debe saber que el monstruo tiene n