351. La garganta del cisne.
Narra Tomás Villa.
Es curioso cómo, en los segundos previos al acto final, todo lo demás se desvanece.
No hay pasado.
No hay origen.
No hay crímenes ni cuerpos ni huellas ni sangre.
Solo queda el presente.
Un presente que late como un corazón artificial detrás del telón.
Exacto. Milimétrico. Perfecto.
La máscara blanca descansa sobre mi palma izquierda. Pesa más de lo que recordaba. O tal vez soy yo el que ha ganado el peso de todas mis decisiones. Me miro en el espejo del camarín que elegí —el