281. La grieta en la sangre.
Narra Ruiz.
No escucho primero.
Huelo.
La sangre, aunque esté seca, tiene un perfume que reconozco de lejos. Como el de una mujer que amaste mucho y ahora te da asco. Como el vino barato que se quedó abierto tres días. Ácido, oxidado, traicionero.
El pasillo huele a eso.
Y yo no soy un tipo supersticioso. No creo en señales ni en presentimientos, pero algo en mí —algo viejo, enterrado, quizás Brisa lo llamaría “el bicho de la intuición”— me da la señal antes de que el guarda siquiera abra la bo