28. El deseo no redime, sólo disfraza el infierno.
Narra Lorena.
El humo llegó antes que la noticia.
Desde mi balcón podía ver las columnas negras bailando en el cielo, como serpientes furiosas saliendo del suelo para recordarnos que este lugar no conoce la paz. Las chicas murmuraban entre sí, algunas lloraban, otras simplemente se sentaban a fumar con los ojos vidriosos, como si ya estuvieran muertas por dentro.
Yo me puse un vestido rojo.
Porque el rojo es para las que sobreviven.
—¿Qué pasó? —le pregunté a Sully, cuando entró con la cara más