29. El perfume de la sospecha.
Narra Ruiz.
Hay miradas que cortan más que una Gillette oxidada.
Y la suya… la suya esta noche fue un bisturí en el alma.
La noto apenas entra al salón. Se viste como siempre, con ese andar de loba y ese fuego que todos quieren tocar aunque les queme. Pero algo cambió.
No en su cuerpo. No en su voz.
En su forma de verme.
Ya no hay deseo puro, ahora hay cálculo, como si estuviera midiéndome, pesándome. Viendo si valgo lo que le hice perder.
—¿Todo bien, Lore? —le pregunto, cuando se acerca a ser