269. Nadie respira por mí.
Narra Brisa.
Una semana después…
En un lugar secreto.
La nena duerme. Y yo la miro. No porque me guste mirar nenas. No soy de esas. La miro porque es suya. Porque cuando duerme, se le parece. Tiene esa misma forma de fruncir el ceño, como si el mundo ya le debiera algo. Me da miedo que le herede lo peor de él. Pero también me da orgullo.
Porque si algo tiene Ruiz —mi Ruiz— es que no pide permiso para existir. Nunca lo hizo. Y eso, para mí, es belleza pura. Bruta. Como una estatua que sangra.
No