262. Las que bajaron del cielo.
Narra Ruiz.
Hace calor.
Ese calor seco, que te pega en la nuca aunque el sol ya se está escondiendo. Ese calor que te recuerda que estás vivo. Que tenés sangre. Que si no te cuidás, te evaporás.
La pista privada está vacía, custodiada por cinco de los míos —todos de confianza, todos armados, todos sabiendo que si algo sale mal, no hay segundas oportunidades—. El jet espera con los motores encendidos. Es blanco, impecable, silencioso como un fantasma caro. En otro tiempo lo usé para negocios tur