260. Los trenes que no se ven.
Narra Ruiz.
No dormí esa noche.
Y cuando digo no dormí no me refiero a cerrar los ojos por ratos, o dar vueltas en la cama como hace la gente que tiene culpa o insomnio, sino a mirar el techo como si de verdad pudiera abrirse y caerme al vacío. Así. Inmóvil. Sin pestañear. Escuchando a lo lejos las risas apagadas de Dulce en su cuarto escondido, y esa voz chillona de Brisa que trataba de hacerla dormir contándole cuentos de princesas que mataban dragones y después los cocinaban con papas al hor