236. ¿Cómo mamá?
Narra Ruiz.
La mañana es suave, tibia, como esas que uno solía ignorar cuando vivía a las corridas, entre balazos y traiciones. Hoy, por alguna maldita razón, el mundo decidió no romperse del todo, y eso ya es algo. Estoy en el jardín trasero de la casa de piedra que tengo en Toscana —sí, en medio de colinas verdes y viñedos que parecen pintados a mano—, viendo a Dulce correr descalza, riéndose con esa vocecita chillona que me hace una pelota en el pecho, una que se aprieta cuando la miro dema