224. El silencio y la tierra.
Narra Lorena.
Han pasado dos años.
Se dice fácil. Dos primaveras sin sol, dos inviernos sin frío, dos años en los que cada día se arrastra igual que el anterior, como un cuerpo mutilado que insiste en moverse aunque ya no tenga a dónde ir. El tiempo aquí no se mide en relojes ni en calendarios, sino en la manera en que el cuerpo se va haciendo hueso, y la mirada se acostumbra a las sombras. A veces olvido mi rostro. Otras, preferiría no recordarlo.
Mi nombre todavía circula entre los pasillos,