223. La confesión.
Narra Gomes
No duermo.
Desde que abrí esa caja, el reloj dejó de tener sentido. Camino por la jefatura con los informes apretados contra el pecho, como si tuviera miedo de que desaparezcan, de que al volver a mirar ya no estén ahí y todo vuelva a ser como antes. Pero no hay vuelta atrás. Una vez que ves lo que no querías ver, no podés hacer como si no lo supieras.
La llamo. Le pido que venga a mi oficina. No hay gritos. No hay esposas. Todavía.
Ella entra despacio, vestida con un suéter gris q