205. El arte de torcer un alma.
Narra Ruiz.
Me gusta el silencio antes de un castigo. Ese que huele a calma antes del relámpago. Brisa está en mi habitación, arrodillada junto a la cama, con el pelo suelto y la mirada cargada de ansias. No hay miedo en sus ojos. No todavía. Cree que va a recibir un premio.
La dejo creerlo.
—¿Te acordás lo que me dijiste anoche? —le pregunto, sirviéndome un trago de whisky, sin mirarla.
—Claro. Lo de Lorena.
—Sí. Eso. —Bebo lentamente. El fuego baja por mi garganta y me hace cosquillas. Giro h