152. La ilusión del perdón.
Narra Ruiz.
El helicóptero zumba como un insecto molesto, pero yo disfruto del silencio entre los rugidos. Lorena está esposada, sentada frente a mí. Su pelo ondea con el aire que se filtra por una rendija. No dice una palabra, y eso es delicioso.
La observo como si fuera un bicho raro en un frasco de cristal. Golpeada, cansada, sin pintura en los labios. Pero los ojos... esos ojos. Todavía arden.
—¿Tenés frío, muñeca? —le pregunto, sacándome el saco de lino y acercándoselo con una sonrisa de